jueves, 30 de marzo de 2017

La muerte, opinión básica (Próximamente una versión más profunda y fundamentada).

Una pregunta que más de alguno se ha realizado... y esta es ¿Qué ocurre con nosotros al momento de dejar este mundo? El hecho de que no exista una respuesta definitiva y empírica, a gran parte de nosotros nos produce un sentimiento de miedo, ansiedad o angustia, generado a su vez por esta incertidumbre. 

¿Personalmente me da miedo? Pues claro que sí, estas sensaciones a lo desconocido pueden ser ejemplificadas con algo tan simple como el hecho de ir por algún camino que no conoces, se te hace largo, vas mirando expectante cada uno de los nuevos paisajes o cosas que aparecen a medida que avanzas, sin embargo, una vez que ya lo conoces, al volver, todas estas sensaciones se disipan, el camino se percibe más corto, no vas tan preocupado de lo que puede o no haber, debido a que ya sabes qué hay, qué existe, qué pasa... No así con la muerte, que tras un incalculable número de seres vivos han experimentado, sigue y probablemente se mantenga sin respuesta a la pregunta planteada al comienzo. 

¿Cuál creo es una buena opción para mantener controladas las sensaciones? La respuesta es simple y también predecible a mi parecer, y consiste en intentar hacer lo que se desea, decir lo que se siente y obviamente intentar reducir las posibilidades de deceso (Por ejemplo, se tiene mucha mayor probabilidad de fallecer conduciendo a 300 km/h sin cinturón que a 80 km/h con cinturón de seguridad). 

Ahora vamos a lo inexplicable, ¿Qué ocurre después de la muerte? La resolución a esta incógnita es literalmente imposible de responder con seguridad, lo que sí puedo hacer es escribir acerca de las posibilidades que existen en mis pensamientos, las que serían las siguientes:

- En caso de que vayamos con Dios (Sí, creo en un Dios, pero no me considero parte de una religión), podemos llegar a nuestro paraíso, un paraíso diseñado perfectamente a la medida de cada uno de nosotros, donde tenemos cada uno de las cosas que más amamos en realidad en nuestra vida, con ninguna relación ni presencia de  nuestro apego y ego. Donde por fin podremos "vivir" sin disimular ni aparentar, siendo pilar de nuestra "vida" la plenitud y tranquilidad. 

-Reencarnación, la que tal vez esté influenciada o no por el karma, en el caso de que efectivamente lo esté, volveríamos a la vida formando parte de lo que dañamos, quizás algún animal, una clase social, una nacionalidad... Para así, aprender por nosotros mismos lo que no pudimos entender por medio de la empatía, conciencia y amor. En caso de que no tenga relación con el karma o bien, vivamos correctamente, tal vez exista una vuelta en forma de algo que amamos en vida, quizás algún animal y siempre cercano o ligado de una u otra forma a nuestros seres amados. 

-O quizás, simple y tristemente, desaparezcamos... Sin tener ningún tipo de conciencia o vestigio en nuestra "alma" de que de una u otra forma existimos... En otras palabras, que no exista tal alma...

Sin duda alguna, la última opción es la que me produce miedo, es la más triste, pues las demás, me da  esperanza de que de una u otra manera seguiré estando presente y pudiendo amar a quienes hoy en día amo (Llámese amor, todos sus derivados en "intensidades", o sea, te quiero, te amo, te adoro, te estimo... etc) Ya que es lo que más me importa, poder estar para ellos siempre que sea necesario y que necesiten esa pequeña palmada para seguir adelante o para mantenerse firme o para seguir bien.






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